La música alarga la vida.
La música es un vuelo sin motor al país de las sensaciones, que disfrutas con los ojos cerrados, entre nubes de violines y un cielo azul fusionado.
La música es un volcán que descarga adrenalina, un baile de lava y fuego que no se detiene hasta la madrugada.
La música es un club semi vacío en una callejuela oscura, una invitación a la melancolía y al olvido.
La música es un sofá, ropa cómoda, un whisky con hielo y muchas ganas de vibrar.
La música es un ritual entre edredones, un movimiento sensual, un saxo que seduce a las caricias, una letra que canta entre gemidos.
La música es un balcón a lo nuevo, un paisaje diferente, un sonido inesperado, una vista inédita, un rincón para la sorpresa.
La música es una montaña rusa, una barca en un lago tranquilo o un sonido en el silencio.
La música es contagiosa y no tiene vacuna.
La música es contemplar un paisaje inmenso desde la cima de una montaña, con la sensación de no saber por dónde empezar.
La música es universal, es mensaje, es arte, es tan sutil como intensa, es una historia de 4 minutos, es luz, es inspiración, es pasión, es inmensidad.
La música es un mar interminable que te permite surfear por las olas del soul, el pop, el folk, el rock, la electrónica, el hip hop, el drum and bass, el ambient, el grunge, el punk, el jazz o la fusión.
La música es la poesía del aire.
La música es el corazón de la vida.
La música es para el alma lo que el gimnasio para el cuerpo.
La música es el amor buscando palabras.


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