Show me the money.
Que mucha gente te sonría y te salude, no significa que te valoren ni que te respeten.
Hacer ostentación de tu coche, de tu casa y de tus posesiones, no te convierte en mejor persona ni te asegura amigos/as de verdad.
El éxito en la vida suele vincularse a tener mucho dinero, un cargo en una empresa importante, una colección de objetos lujosos que ni siquiera te has parado a contemplar.
Si sales en los medios de comunicación, te hacen fotos, te ponen una alfombra roja, te aplauden y te invitan a programas con mucha audiencia, resulta que ya puedes considerarte afortunado/a.
Si ganas o te dan premios eres alguien importante, sino eres del montón.
Hace mucho tiempo que la honradez, la humildad, la humanidad y el sentido del humor no forman parte de la película ni del juego.
Hace mucho tiempo que no decimos en público que el amor, la amistad y el respeto son valores que debemos transmitir.
No tenemos asumido que es bueno compartir, conversar, perseguir sueños, co-inspirar.
Vivimos en un juego de tronos donde manda la mentira, la corrupción, la envidia y la guerra.
La venda en los ojos ante el hambre, el éxodo masivo, la pobreza o las enfermedades es evidente e insultante.
Ya nadie te enseña a querer.
Te valoran por el aspecto, por el cargo, por el dinero y por tener tres coches, tres iphone 6, un casaplón y un rolex de oro.
Y sin embargo, y a pesar de esta oscura realidad, en el mundo viven personas maravillosas.
Son las que quiero conocer.
Yo quiero ser mejor persona, no necesariamente ganar en Cannes el próximo verano.


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